Este viernes, cuando terroristas mataron en el
Monte del Templo en Jerusalem a dos policías israelíes expusieron el abismo.
Entre la vida normal y el extremismo. Entre el aporte a la sociedad y el odio
ciego.
Esos terroristas, radicales islamistas que
profanaron su propio santuario al salir armados del Monte del Templo donde se
halla la mezquita de Al Aksa y el Domo de la Roca y corrieron en búsqueda de
los primeros policías con los que se toparan, eran ciudadanos israelíes.
Árabes ciudadanos israelíes, cuyo idioma madre
era el árabe, al igual que el de sus víctimas, dos policías miembros de la
minoría drusa, muchos de cuyos hijos sirven en las fuerzas de seguridad, porque
unieron su destino al del Estado de Israel.
Arabes al igual que Najla, la enfermera
beduina musulmana, cuya vida se desarrolla a años luz de la de los terroristas,
y no por la distancia geográfica .
A Najla la conocimos este martes en el
hospital Soroka en la ciudad sureña israelí de Beer Sheba. Fuimos a cubrir un
simulacro de evacuación del hospital por terremoto, organizado por el Frente de
Defensa Civil de las Fuerzas de Defensa de Israel, como parte de los
preparativos de rutina de cara a distintas eventualidades de emergencia. En
medio del intenso movimiento de soldados de dicha fuerza que se cruzaba e
interactuaban con enfermeros y médicos, ingenieros y otros expertos en
distintas áreas-todos abocados al simulacro- distinguimos a Najla, una
enfermera , evidentemente árabe musulmana, por su cabeza cubierta.
Estaba junto a varias camillas cuyos
«pacientes» eran muñecos que habían sido «evacuados» de los
distintos departamentos a la intemperie (nos había aclarado el comandante del
simulacro, que en caso de terremoto, siempre, lo primero, es salir del edificio
o casa en el que uno se halle). Era parte del ejercicio al igual que todo el
resto del personal que le había tocado participar. Najla es árabe, beduina,
musulmana, israelí.
«Aquí nunca nadie me ha tratado distinto
por no ser judía. Todos trabajamos y atendemos por igual. En la sociedad, como
en todos los países del mundo, hay gente más liberal y quienes lo son menos.
Pero yo me siento tratada siempre con respeto y soy una enfermera más»,
nos dijo con voz firme y segura, contando que su departamento es uno de los de
medicina interna. «Lo que cuenta es que somos todos humanos y no la
religión, ni la comunidad, ni ninguna otra diferencia», agregó.
A decir verdad, para quien conoce Israel desde
adentro, sus comentarios no sorprenden. A lo largo de las varias horas que
pasamos en el hospital, vimos enormes cantidades de árabes por todos lados. Es
lo más normal. En el Soroka esa rutina conocida de todos los hospitales
israelíes, tiene la particularidad de que hay muchas mujeres con toda la cara cubierta-
lo cual no es tan común en otros lados-porque ese es no sólo un tema religioso
sino una cuestión cultural de los beduinos , y hay numerosos en la zona de Beer
Sheba.
Najla, como tantos otros ciudadanos árabes
israelíes, es parte integral de la sociedad. Seguramente con sus discrepancias
y concordancias con los gobiernos de turno. Pero parte de la vida en positivo,
no del extremismo y la radicalización.
Durante varias horas recibimos numerosos
comunicados de Micky Rosenfeld, portavoz de la policía israelí, que mandaba a
los periodistas todo lo que se iba confirmando. Datos. El video que mostraba a
los dos policías de guardia, ni siquiera muy en posición de alerta, cuando
súbitamente se ve por el callejón a los dos árabes armados que irrumpen corriendo
desde adentro del monte del Templo y los atacan. Las fotos de los dos policías
muertos. Y luego, las fotos de los funerales, en los que ambos eran sepultados,
policías drusos, no judíos, con el féretro de cada uno envuelto en la bandera
de Israel con la estrella de David.
Sentimos necesidad de mandar a Micky un
mensaje en privado para agradecerle la rapidez de sus comunicados. Y él, que
nos brinda siempre toda la información posible y al mismo tiempo suele ser
medido y concreto en sus palabras, comentó: «Este es un día difícil para
el pueblo de Israel».
Horas antes, en un comunicado difundido a la
prensa, el jefe del partido «El Hogar Judío», el Ministro de
Educación y Cultura Naftali Bennet, un judío religioso, lamentó la muerte de
los dos policías diciendo «el pueblo de Israel llora la caída de nuestros
dos hijos…».
La hermandad la determina la actitud, la forma
de vivir.
Los policías drusos Hail Stawi y Kamal Shnaan,
al igual que la enfermera beduina Najla del hospital Soroka, viven de un lado,
junto con la población judía y todos los demás que optan por ser parte. Del
otro lado del abismo, están los asesinos de este viernes en Jerusalem.
El abismo
17/Jul/2017
Montevideo Portal, Por Ana Jerozolimski